Mi infancia fue denunciada por alguien del barrio
que me tenía mala.
Llegaron, entonces,
los tipos de civil
y se la llevaron a patadas en mitad de la noche.
Nadie dijo nada porque reinaba el miedo.
Hay testigos sí
de que aguantó todas las torturas
y como no pudieron con su pureza,
la tiraron al mar desde helicópteros,
la fusilaron en desiertos y casas abandonadas.
Le tendieron emboscadas en esquinas imposibles,
la sepultaron en faldeos de cerros y en mil tumbas
sin nombre.
Pero, mi infancia
siguió viva y sonriendo
y se encuentra por aquí,
en un rincón profundo y tibio
de este,
mi viejo corazón de cicatrices.
II
Cuando niño me dijeron :
¡Crece y hazte hombre !
Obedecí :
Crecí y me hice hambre.
Acerca de mí
- Arturo Bustos
- Talca, Chile
- Lo único que tengo claro es que nací en Chillán. De ahí para adelante es una enorme nebulosa.
miércoles, 25 de noviembre de 2009
viernes, 4 de septiembre de 2009
Memorias
I
Nunca me miré en un río.
A lo mucho,
busqué mi rostro
en los charcos cubiertos por la escarcha
mientras
la vida
me entraba a raudales
por mis zapatos rotos.
II
Generalmente, no hablaban de nada.
Comían en silencio.
Bebían el vino casi con tristeza.
Luego,
miraban al vacío y a los platos,
como esperando respuesta.
Más tarde
- a la hora del té -,
los gatos dormían junto a ellos
y yo,
yo sabía algo más del lenguaje del viento.
III
Enterraban a alguien
- de eso me acuerdo -,
se escuchaban los llantos y
había rostros tristes.
Las flores
arreglaban sus faldas sobre la tumba herida
(La mano grande de mi padre estaba cerca)
y mis zapatos
tenían un gran agujero
por donde yo,
con frío,
tanteaba el corazón del mundo.
IV
Fueron tiempos distintos:
La lluvia no dolía
Y existían milagros.
Mi corazón tenía una caja de música.
Y el mundo medía
Sólo unas cuantas manzanas.
En la noche,
Se escuchaban los ecos de los sueños
Y
Mi madre
No era un recuerdo
Como ahora.
V
No existe charco que no haya pisado.
Ni dolor, ni sombra.
Lluvia oscura y fría
como amante.
¿A dónde van tus nubes
con sus trajes de olas?.
Nunca me miré en un río.
A lo mucho,
busqué mi rostro
en los charcos cubiertos por la escarcha
mientras
la vida
me entraba a raudales
por mis zapatos rotos.
II
Generalmente, no hablaban de nada.
Comían en silencio.
Bebían el vino casi con tristeza.
Luego,
miraban al vacío y a los platos,
como esperando respuesta.
Más tarde
- a la hora del té -,
los gatos dormían junto a ellos
y yo,
yo sabía algo más del lenguaje del viento.
III
Enterraban a alguien
- de eso me acuerdo -,
se escuchaban los llantos y
había rostros tristes.
Las flores
arreglaban sus faldas sobre la tumba herida
(La mano grande de mi padre estaba cerca)
y mis zapatos
tenían un gran agujero
por donde yo,
con frío,
tanteaba el corazón del mundo.
IV
Fueron tiempos distintos:
La lluvia no dolía
Y existían milagros.
Mi corazón tenía una caja de música.
Y el mundo medía
Sólo unas cuantas manzanas.
En la noche,
Se escuchaban los ecos de los sueños
Y
Mi madre
No era un recuerdo
Como ahora.
V
No existe charco que no haya pisado.
Ni dolor, ni sombra.
Lluvia oscura y fría
como amante.
¿A dónde van tus nubes
con sus trajes de olas?.
lunes, 27 de julio de 2009
Cachureos
I
Tengo
Un calendario lleno de cicatrices
Un perro de yeso herido por el arte
Una bacinica que conoció tu dulzura
Una radio ebria que cabecea y murmura
Un dolor
que se cree invencible.
Muchos gatos parados
bajo la luz de Dios.
II
No voy a hablar de nada.
Tendría que sacar mis ojos del cajón
Amarrar los perros de mi boca
O ahogar la tormenta que sonríe en mi voz.
III
Nunca escribo lo que quiero.
Por eso
las palabras sonríen
mientras alzan sus faldas
frente a mis ojos bobos.
IV
Las huellas del hombre son
-En el orden que quieran-
El vaticano
La bacinica
El Napalm
Los discursos
Las botellas vacías
Las hambrunas
Los discos de vinilo
La Declaración de los Derechos del Hombre
La crucifixión
Las bicicletas
Los partidos políticos
La tuberculosis
El fantasma de Michael Jackson
Los libros de teoría literaria
Los sueldos de futbolistas y pastores.
Huellas a agregar :
Las que se quieran.
V
Muros :
"A la María le gusta el loly"
"Biva la libertá"
"Yo estuve allí"
"Apaguen el mundo"
"Muera el roto Quezada".
VI
Aprendan ustedes
que por más que caminen
no encontrarán
senderos
en estas huellas.
VII
En esta casa todo es un desorden.
Constantemente tropiezo
con los huesos añejos
que dejó
el obsceno
cadáver
de
tu ausencia.
VIII
Me fui de mi mismo a portazo limpio.
Hediondo a soledad
Y con los ojos sangrando de distancias.
Y no pregunté por tu nombre en ningún lado.
Serían las cinco ...o las seis
y las "eses" me hacían reír sin comprenderlo.
IX
No quito el ripio
Porque me gustan las piedras.
Estas son
Las hijas silentes de Dios
Cuya misión
Es hacernos caer
Para postrarnos
Ante nuestra propia ignorancia.
X
Quemé mis alas para caer en ti
Y
Arranqué mis ojos
Para que mis manos
Se hicieran sabias sobre tus pechos nuevos.
XI
Mi ojos
no se inclinan
ante el peso de tu recuerdo.
Mi ojos
están fríos...
al igual que tu luz
que hizo hielo los campos de mi risa.
XII
Envejezco.
Las palabras se sientan en torno a mí.
Esperan mi mirada
Mis caricias,
Pero,
Yo busco tu imagen más allá de las distancias
Y las palabras comprenden
Que
En el silencio
Hay también soledad
Y poesía.
XIII
He gastado tu recuerdo
De tanto pensarte.
… o son mis ojos los opacos
Por la vida?.
XIV
Duerme si quieres y descansa
Que yo
Con un palo
Saldré a espantar los sueños malos
Y
-Parado frente a la noche-
Pediré a las estrellas
Que descalcen sus pies,
Pues tú descansas.
XV
¿Qué hacían los trenes llorando bajo la lluvia?
Yo miraba un charco y te esperaba.
Mis manos partidas por la ausencia
Sonreían en sus heridas
Y yo,
Yo miraba un charco
… y te esperaba.
XVI
Cuando cerré mi boca
-Para evitar que se escaparan-,
Las palabras
Acortaron el cuento
Y treparon a mis ojos
Para hacerse al mundo sin más prejuicios.
Lo demás,
es harina de otro costal.
XVII
En el clóset,
Un viejo traje mío
Guarda el mismo silencio
Que yo habito
… y somos
Dos gemelos
Colgando
De la tarde.
XVIII
Observo
Las manchas de tristeza en el mantel
Mientras la araña
-en el rincón-
Teje en silencio
Y
Como yo,
Medita.
XIX
¡Toda esta lluvia sobre mi rostro muerto…
¿ Qué harán los pájaros
- me pregunto –
Cuando la luz se vista con tu nombre ?
… y el silencio no deja de gritarme!
XX
Déjenlos descansar
-en donde estén-
Que sus huesos son flautas de silencio
Tocando al viento
Sus cantos de memoria.
miércoles, 10 de septiembre de 2008
Fierros viejos y otras especies.
I
¿ Qué saben ustedes de mi voz...?
¿Acaso han visto
a los pájaros quebrándose en la luz
o a la noche
aferrarse
como un mar viscoso contra mi piel,
cuando todo,
todo el llanto es nuevo
e invencible?
II
Me piqué...
Salí corriendo pilucho
por vuestros paisajes,
armado sólo
con el eco corrupto
de mis silencios.
III
Habrá que ver qué encuentro
entre los cachureos de mi voz...
y quizás sólo haya restos de palabras
y una sombra,
que puede ser la misma sombra
...u otra.
O quizás sólo ecos.
Ecos y más distancias.
IV
Busqué ayer
nuestras sombras
en la ciudad de entonces.
Pero, yo era el extranjero.
El viejo
al que los niños
le pedían se apurara
y
al que miraron con asombro
cuando se puso a llorar
solo
-frente a un muro-
mientras miraba
nada.
V
Mis palabras son toscas,
al igual que las rocas
con las que el mar no se atreve.
VI
Es mía esta mirada de cuchillo pobre
y este ceño
que parece insulto;
pero, que es vida.
VII
Yo no escribo para Ustedes :
Soy como un perro
que pasa su lengua
sobre su pelaje herido.
Con el bálsamo inmenso
de estas viejas
palabras.
VIII
No te inquietes si no te digo nada.
Yo soy así :
Extraño.
Y si no me encuentras,
no te asustes.
A veces,
los domingos,
bajo de mi cruz
para estirar las piernas.
IX
¡Cafiche ‘e mierda es lo que es!
Miren que hacer trabajar todo el día a Doña Teresa
Mientras él - el huevón - , se queda durmiendo
y soñando quizás con qué china mugrienta y caliente como él….
¡Se cree la gran cosa, el muy maricón!
¡Si hubiese estado mi General, ya lo habrían matado a este comunista ‘e mierda!
…Se lo habría echa’o a los pesca’o, viera usted.
Porque la muerte es lo que merecen estos huevones que ni siquiera vienen a misa como nosotras.
Y después le cuento más, vecinita,
porque ahora me toca el turno pa’ comulgar.
X
No deberían pesarme
Las palabras
Que usé como piedras contra tu indiferencia
Cuando los domingos olían a olvido
Y hacías tú brillar
El otoño
Con tus pisadas.
No deberían pesarme los silencios
Con que vestí mis ojos cuando no volviste
Ni los recuerdos que tiré sobre la tarde
Y que dejaron sangrando cristales en mi ventana.
El viento, entonces,
Corría de Este a Oeste
De mis manos mudas.
Y era eso, quizás
O sólo ausencia.
¿ Qué saben ustedes de mi voz...?
¿Acaso han visto
a los pájaros quebrándose en la luz
o a la noche
aferrarse
como un mar viscoso contra mi piel,
cuando todo,
todo el llanto es nuevo
e invencible?
II
Me piqué...
Salí corriendo pilucho
por vuestros paisajes,
armado sólo
con el eco corrupto
de mis silencios.
III
Habrá que ver qué encuentro
entre los cachureos de mi voz...
y quizás sólo haya restos de palabras
y una sombra,
que puede ser la misma sombra
...u otra.
O quizás sólo ecos.
Ecos y más distancias.
IV
Busqué ayer
nuestras sombras
en la ciudad de entonces.
Pero, yo era el extranjero.
El viejo
al que los niños
le pedían se apurara
y
al que miraron con asombro
cuando se puso a llorar
solo
-frente a un muro-
mientras miraba
nada.
V
Mis palabras son toscas,
al igual que las rocas
con las que el mar no se atreve.
VI
Es mía esta mirada de cuchillo pobre
y este ceño
que parece insulto;
pero, que es vida.
VII
Yo no escribo para Ustedes :
Soy como un perro
que pasa su lengua
sobre su pelaje herido.
Con el bálsamo inmenso
de estas viejas
palabras.
VIII
No te inquietes si no te digo nada.
Yo soy así :
Extraño.
Y si no me encuentras,
no te asustes.
A veces,
los domingos,
bajo de mi cruz
para estirar las piernas.
IX
¡Cafiche ‘e mierda es lo que es!
Miren que hacer trabajar todo el día a Doña Teresa
Mientras él - el huevón - , se queda durmiendo
y soñando quizás con qué china mugrienta y caliente como él….
¡Se cree la gran cosa, el muy maricón!
¡Si hubiese estado mi General, ya lo habrían matado a este comunista ‘e mierda!
…Se lo habría echa’o a los pesca’o, viera usted.
Porque la muerte es lo que merecen estos huevones que ni siquiera vienen a misa como nosotras.
Y después le cuento más, vecinita,
porque ahora me toca el turno pa’ comulgar.
X
No deberían pesarme
Las palabras
Que usé como piedras contra tu indiferencia
Cuando los domingos olían a olvido
Y hacías tú brillar
El otoño
Con tus pisadas.
No deberían pesarme los silencios
Con que vestí mis ojos cuando no volviste
Ni los recuerdos que tiré sobre la tarde
Y que dejaron sangrando cristales en mi ventana.
El viento, entonces,
Corría de Este a Oeste
De mis manos mudas.
Y era eso, quizás
O sólo ausencia.
domingo, 6 de julio de 2008
Aequinoctium
I
¿ Qué hago aquí
- con los ojos rotos -
haciéndome olvido
en el vientre de la tierra.
Yo,
que amaba el aire,
el sol
y las distancias...?
II
Llegaremos allá
arrastrando las sombras y los días.
En las manos tendremos algas y caracolas.
Un resplandor de sol dejará en nuestros ojos
su espada de horizontes
y cantará la lluvia
- quizás -
sobre una calle lejana.
III
Dormir sobre los senos de la Muerte amante.
Y son mis ojos dos lunas
bajo una noche de tierra.
IV
A mí,
que fui hecho de pan y de canciones.
Que me vistió la escarcha
mientras me hacía sombra.
A mí,
que me soñó el silencio
y las alas de los tiempos.
A mí
-al bien amado-,
me han dejado los días,
desnudo,
sobre el vacío.
V
Yo no me fui cuando los otros...
Me quedé aquí.
... por eso mi sombra de distancias muertas.
miércoles, 14 de mayo de 2008
Trazos de lluvia.
I
Parco perro que otea el horizonte
a desdicha del mundo.
Sus ojos escriben
distancias
que no está en nuestras manos
sollozarlas.
II
Tengo un humor de trenes
y huelo
a fierro viejo,
a café y a distancias,
a manos que se agitan, que quisieran soñar o
retener.
A silencios
que cojean
sobre estaciones muertas.
III
¿Ves?
Los charcos son para los iluminados.
En ellos se encuentra
tu rojo vestido de cristales,
tu juventud
desnuda
... el cabello que
a veces
incendiaba
mis recuerdos.
IV
Nadie podría detenerme.
La Muerte es débil frente al silencio.
Ella envidia
a las palabras,
al eco del aire,
a las imágenes
que no pudo vencer
ni sollozarlas.
V
Te olvidas
apagando
uno a uno
los días
en tus ventanas
y
cada tarde es un nuevo silencio,
un nuevo rostro
que descascara
un poco más
su imagen
de tus recuerdos.
jueves, 10 de abril de 2008
Letras del tiempo.
I
A esas señoras gordas
se las comió la muerte
y de ellas
sólo queda
- por olvido-
alguna hija cincuentona y
una foto,
quizás,
o sólo la tristeza de un ladrillo
que llora y canta
en la pared del patio
que se cae.
II
Llueve.
Sollozas.
Huye
la luz
por tus manos heridas.
Corre
hacia el vientre
tu falda nebulada.
III
Sueñoquedespiertoque
la noche me viola sin tapujos
que la ampolleta jadea como loca
que transpira
susurra
que se queja
sueño
que tus manos
despiertan
de improviso.
IV
Soy
el llanto
que arrugó la camisa de la esperanza.
Un pequeño agujero
en los bolsillos de Dios.
V
La viuda tenía
un acuario de amantes en el living
La viuda
era inquieta y calurosa
Sus gatos
no podían dormir
y miraban
fotos amarillentas sobre el sofá.
Y ella
-La viuda-
encendía sus pechos
para guiar los barcos.
lunes, 24 de diciembre de 2007
Voces
Aparecen como polvo sobre los muebles. Se asoman a mis ojos con sus zapatos tristes o se van tras mi sombra con un sombrero de nubes.
I
Véalos, Usted,
con sus capitas rojas.
Casi levitosos.
Susurrando apenas.
Por creerse hijos del cielo.
Esos percuétanos
que nunca verán
la cara
de Dios.
II
¿Qué
palabra
hay
para
una
piedra
que
sangra?
III
Hablé por ti.
Subí a la cumbre
de tus senos minúsculos.
Escupí
los nombres escritos en tus muros.
Y meé como un perro
sobre esos pastos ajenos.
IV
Hace tiempo que arrastro
una sombra
que no es mía.
Casi
como un viajero distraído
que coge un día ajeno
para volver.
V
Debo parar ahora.
Detenerme
sobre una calle conocida.
Sacudir de mi sombra
los días inservibles.
Escupir de mis dientes
el polvo de la Muerte
Y... para qué?.
VI
¡Qué noche esta !
... los trenes corren
como lobos
bajo la luna!.
VII
Con agua del mar
llenaré el océano
... después te olvidaré.
VIII
Mi soledad
sólo es rota
por los crujidos
de la casa
mientras acomoda
sus huesos
en el hastío.
IX
Se amotinan las palabras
dentro de mí.
Golpean con fuerza contra mis muros.
Trepan a mis ojos,
se disfrazan de tu imagen,
intentan separar mis dientes desgastados
y reúnen más dolor
por si te nombro.
X
Las horas
crujen
en extraña pantomina
y
el reloj
mira
desesperado
hacia tu recuerdo.
XI
Adivinen el aire.
Su paso silente
entre mil mujeres bellas.
Adivinen el aire.
Rozando apenas,
haciendo estremecer
y
siempre,
siempre alejándose !.
XII
Lo que hay entre estas letras
no alcanza para una foto
ni
para un boceto extrañamente sugerente.
Lo que hay aquí
apenas son indicios.
Retazos casi ciegos
y
aún así
no basta el mundo !.
XIII
¡ Hermosa se veía
la cierva en el contraluz !
... esa noche
mi instinto
aulló
todo su dolor
bajo la luna.
XIV
Burdo espejismo
es el helicóptero,
del picaflor
que lo mira
y me sonríe.
XV
La noche viene
cabalgando un caballo reventado,
desmesurados sus ojos,
al igual que el loco
que ansía
su propia luz y la suplica.
XVI
Tienes tú razón :
Yo... soy nadie.
Sólo uno más que pasa por las calles
- entre tanto ciego -
rodeado
de inmensa, inmensa luz.
XVII
Cuando vuelva...
Cuando regrese...
Cuando la puerta se abra
como un barco
hacia el océano.
XVIII
...las gafas
del reloj
que dejaba
caer
gotas de polvo
sobre el mediodía.
XIX
Soy
como una casa deshabitada :
cada cierto tiempo
hay que entrar en ella
para
barrerle el alma.
XX
Nosotros...
que sorprendimos al asombro.
Que dejamos
rastros de luces
sobre la faz del sol
...que fuimos
tan inmensos
como el vacío.
viernes, 29 de junio de 2007
Otras cicatrices.
Al igual que en los muros, la vida, se va grabando en las pupilas y en el alma... Con rastros de tizas y cuchillos.
I
No sé dónde empezar...
Hay mucha letra suelta.
Mucha mancha
de olvido
Histéricas gotas
en los grifos del baño.
Y una sombra que vaga
... y no es la mía.
II
¡Qué estrella en la frente
ni qué ocho cuartos...!
Por allí
se nos fue incrustando
la vida hasta pudrirnos.
Y fue entonces
que la Muerte
alzó sus faldas
para bailar
a calzón quitado
sobre nuestros días.
III
No dejemos silencios sobre el mantel.
Como platos sucios.
Con las sobras de vida
que no quisimos.
IV
Nos quedamos
para ver envejecer los árboles junto
a las puertas.
Mientras,
se secaban las risas
que un día tuvieron
vestidos de colores.
V
Chao, Neiro.
Pórtate bien.
Sonríe.
Móntate a la Muerte
en cuanto se descuide
y
no descanses en paz,
que es de cobardes.
VI
No tiene sentido,
dice Usted
- en la radio eran las cuatro -,
mirar al sol
cuando la lluvia en el jardín es tan bonita.
VII
Vaya al norte
y consígase trabajo
o vaya al sur
y ahóguese con la lluvia
... pero,
no se ponga a mearme las hortensias!
VIII
Usted corría para allá.
Yo para acá.
Usted sacudía las cortinas.
Yo miraba al sol.
Usted decía ¡Dios mío!
Yo levantaba a una araña desmayada.
IX
Seguirá mi infancia,
aún,
en el rincón
secreto
de los árboles?.
X
Estas hojas ya no son sagradas.
Sobre ellas se han escrito
palabras inútiles.
Estériles, quizás,
como mi olvido.
XI
Se trata
de no escupir sangre.
De agarrarse del frío
con los ojos traslúcidos.
Difícilmente equilibrado.
Se trata
de no romper la sombra
que perfilas.
XII
Qué habrá querido decir este pobre imbécil,
se preguntarán
cuando lean estas líneas.
Mientras yo,
probablemente,
esté mirando
sin causa
a otro horizonte.
XIII
En el país de los ciegos,
los ciegos eran amarillos
y tenían
una
luna
con viejas manchas de café
que colgaban
de una pared gigante
para oirla.
XIV
El abismo
baila en mis ojos
como la sombra de un loco.
XV
Es cierto,
la poesía ya no es virgen.
Tampoco joven.
Tiene
huellas profundas bajo sus ojos
y
estrías sobre el vientre.
Pero;
aún así,
no separa sus piernas
por unas cuantas monedas.
XVI
No sé ya de dónde soy.
Mi memoria
es una película muda en blanco y negro.
Con actores extraños.
En donde
sólo la Muerte ríe
tras la palabra FIN.
XVII
Hay días
en que uno
no debería tomar un lápiz por nada del mundo.
Se los repito :
Hay días
en que uno
echa sangre hasta por la boca!
XVIII
Un resucitado
logra a duras penas su condición.
Constantemente
sacude tierra imaginaria de su rostro.
Camina solo.
Evita las funerarias
y
nunca mira atrás.
Un resucitado
- a eso de las cinco-
no tiene retorno.
XIX
La luna
deja su plateado corazón en las ventanas.
La luna
da pequeños saltitos sobre los charcos.
La luna
tiene sus caderas angostas y las luce.
Resumiendo :
La noche la odia a muerte
... y se le nota.
XX
Voy a las calles
como quien va a una catedral muerta.
A mirar el silencio.
... a oír, quizás,
la sombra de Dios.
XXI
¿A dónde vamos?
Los domingos
se llenan de polvo sobre los muebles.
Y hay tanto momento acumulado.
Tanta historia entre esas moscas secas.
Los días
cayendo de los estantes.
Descascarando
rostros
de la memoria.
XXII
Conocí a un músico sordo
que ponía su cabeza sobre el piano
para escuchar su música.
Pero; yo soy mucho más que eso.
Yo vivo por oído, afirma este ciego.
Lo demás
- el que me arrastre como ratón
pegado a las paredes -,
son sólo
pelos de la cola
... no les parece?.
XXIII
No culpes al imbécil
por su estupidez lozana.
Sino a la añeja
intransigencia
de tu angustia.
XXIV
Los ciegos
eran sabios.
Como los juguetes desmembrados
que veían la luna
con el corazón del alma.
XXV
La noche tendida sobre el asfalto
- ebria y somnolienta -,
con su vestido arremangado
y sus luces
que prendían y apagaban mi corazón,
mientras,
una luna absurda
daba pasos
torpes
sobre el vacío.
XXVI
Pidiendo peras al olmo
quise encontrar la fé
... eran tiempos difíciles.
La Muerte era joven
y el mundo
tenía hoyos en sus zapatos viejos.
XXVII
El día vino a mí
como un disparo en la frente.
XXVIII
Tengo
- no lo sé -
un olvido de piedras en el pecho.
XXIX
¿ Qué haces, viejo?
Nada -te respondo-.
Sólo acaricio la palabra Muerte.
XXX
Tengo silencios infectados por la vida.
... imágenes sucias.
Sombras de sangre en madrugadas.
XXXI
La Muerte se regocija
y da
pequeños mordiscos
sobre mi cuerpo
de hombre envejeciendo.
XXXII
Parece
que fuera otro el que escribe.
Otro
que ha leído más que yo.
Y que le duele más la vida que a mí mismo.
XXXIII
Toc, tac,
Toc, tac,
... y qué,
¿Nunca han escuchado
un corazón desafinado?.
XXXIV
Vendo recuerdos con poco uso.
Los usé,
A lo más,
tres o cuatro veces
cuando no pude dormir.
Tienen tallado tu nombre...,
pero, se les puede borrar
y poner el de cualquiera.
Aprovechen ahora :
Mañana te habré olvidado.
XXXV
Ellas
se juntaron para hablar de ti
Marcaron tu puerta
Mencionaron
que debías irte
Y
Te envidiaron en secreto
por tus muchos amantes.
XXXVI
De tanto mirar las nubes
me dieron ganas
de regresar a la infancia.
De chutear la pelota plástica en la cancha de tierra.
De gritar a mi hermano por su nombre.
De abrazarlo con fuerza ante su asombro
y decirle :
"Te quiero, hermano.
Nunca, nunca te mueras".
Nota: Permitida su reproducción sin fines comerciales, citando al autor.
jueves, 7 de junio de 2007
Poemas para ninguna y otras cicatrices

Poemas para ninguna y otras cicatrices.
Estimados:
Presento ante ustedes el fruto del corazón del lobo. Palabras que intentan mantener dentro de sus fronteras a las voces que surgen sin querer -ya sea como un rugido o como extraños y alados silencios -, para estrellarse en la inerte hoja en blanco, que adquiere -entonces- vida por primera vez.
Disfrútenlas, rechácenlas o júzguenlas. Están aquí para otro fin : Solo ser.
I
¿POR QUÉ CAYÓ MI ALMA
EN EL SILENCIO DE DIOS?
II
Quedé esperando
que me hablaras
Me quedé
con una camisa de piedras
en la frente.
Las arañas
corrían a toda velocidad
con sus balizas tristes.
Yo esperaba
que me hablaras,
mientras la tarde
daba pasos trágicos
sobre tus cristales rotos.
III
Imagino
que voy en un tren,
que miro a mi derecha.
Que aún está tu rostro
en la sonrisa del viento.
IV
Cuando vengan las flores
a los cerezos
... dónde estarán tus pasos?
En qué invierno,
en qué vino triste
estarás buscando su rostro
para herirte?
Bueno, les dejo éstos mientras para no aburrirlos. Hay muchos más en su dolor de origen. Vendrán de a poco.
08-Junio-2007
Otro día, nuevos caminos, los mismos viejos fantasmas. El silencio me mira y caminamos juntos. Atrás, aureolas de olvido nos dicen adiós.
V
A menudo,
cierro los ojos
para escuchar la luz
A menudo,
la boca se me llena
de dientes que me brotan
A menudo,
las cortinas ahogan
la furia que no fuimos.
VI
Ya no está.
Salió.
Colgó sus huesos en el ropero.
Dejó
una mirada de domingo
pegada
en los vidrios sucios de la ventana.
VII
En el burdel
de tus ojos
danza loca
una pena
pasajera.
VIII
... y las luces
sobre los charcos,
como estrellas de cine,
riendo ebrias,
mientras mis ojos,
incapaces de oír,
apagaban sus labios
y lloraban
por llorar,
según decían.
09- Junio-2007
Hace frío..., la ciudad se echa como un perro sobre la tarde y la lluvia tictacquéa frases extrañas sobre mi rostro. Pero, debo seguir. Sin preguntar ni responder. Al igual que se van las horas por los muros.
IX
Estoy
lleno de ti.
Como los charcos
que abrazan los árboles del bosque
y
aunque mi furia te grita sin nombrarte,
caen gotas de luz
desde mis manos
... y no lo sabes.
X
Hay una pieza oscura
en un hotel marchito.
A mil distancias
de este breve recuerdo.
XI
Después de tocar fondo,
de buscar con mi lengua
la viscosa insolencia de la Muerte.
Después de ti
y de otros miles de sombras
sólo me queda
entre los dedos
todo y nada
en este amargo sabor
de antiguas lluvias.
XII
Quisiera soñarte.
Pero,
irremediablemente,
debo ir a atender.
A mostrar
una sonrisa de mulato que no tengo.
A dejar
manchas de sangre
sobre el mesón.
10-Junio-2007
El viscoso y largo abrigo del invierno cae sobre las luces... y ¿qué naufragios son estos que, mudos, nos miran desde los charcos?
XIII
Pensarte
me huele a tarde triste
y, es extraño,
también a cerezas de Noviembre.
XIV
Debieran echarle
-al difunto-
paladas de luz
No sé...
... un lápiz
para que escriba
sus memorias.
XV
Me quedé mirando
pájaros en el horizonte
... donde no había
pájaros
ni horizonte.
XVI
Esta costumbre tuya
de creerte fantasma.
De chocar
contra los muebles viejos de mi corazón.
De no encontrar
las ventanas ni mis pasos.
De llorar
despacito
cual
si fueras de verdad
y
no
silencio.
11-Junio-2007
Desnuda, la escarcha, me sonríe maliciosa. Besa mis mejillas..., deja un beso de amor sobre mi alma.
XVII
Todavía no se me pasa el enojo.
Despierto de pronto,
sin saber en dónde estoy.
Lanzo piedras al silencio
y
me pongo a escribir
como si en verdad
supiera
lo que hago.
XVIII
Fue inútil buscarte.
No hubo rastro de mi.
Ni siquiera
en el viejo muro de tus silencios
ni en las palabras
heridas
que lo adornaban.
XIX
Su boca
era
una mariposa ansiosa.
Olorosa,
temblorosa.
Inquieta
como una ciruela
era su boca.
XX
Conchidulce,
flaquísima,
... de risueños
pezones
incendiarios.
12-Junio-2007
A veces me confundo. Me hago eco en la noche y silencio en los muros. A veces, me voy con las miradas, cual si fuera un tren o un olvido que regresa.
XXI
No tiene por qué ser perfecto.
Mi cabeza gira
como un carrousel celoso
y
mis manos huelen
a pan tostado
- no sé -
... a soledad.
XXII
Es bueno creer en algo.
En el olvido de la Muerte.
En los pasos de Dios.
En los mundos secretos
de los charcos...
Es bueno creer
que los camiones
siempre,
siempre se van,
... que no regresan.
XXIII
No mirarte
No tocarte
No sentirte
No conjugar
tu silencio
como el mío.
XXIV
La vida y yo
no nos hablamos
Y cuando
- por extraña razón -
nos cruzamos en la calle,
ambos miramos hacia otro lado
y nos rumiamos insultos
que sólo se dicen
aquellos que se han amado
para siempre.
13-Junio-2007
Pesan la sombra y los sentidos. Ecos de ti pululan en mi piel y estoy como un marino ciego frente a la tormenta.
XXV
Es cierto:
Soy una estrella que se apaga.
Una estrella
a punto de estallar.
Mas,
pronto seré una Galaxia
y tú, la nada,
simplemente.
XXVI
Corrí a decirte
que esperaras al sol.
Que saltaras desde mis ojos.
Que hicieras
de acróbata de labios.
Que vistieras con flores de duraznos.
Que anduvieras por todos mis silencios.
Y corrí
hasta la sombra del sol
y en vano,
creo yo,
pues ya no estabas.
XXVII
Sólo nos queda
andar sin rumbo.
Chocando
con silencios dispares.
Con trozos
de palabras
murmuradas sin querer,
Asido
a las imágenes.
Al eco del sol...
A los zapatos
que envejecen
bajo la cama.
XXVIII
Toco
el fondo
de la noche
- pareciera-
pero, sólo estoy
palpando
el corazón
de mi locura.
14-Junio-2007
Hace frío... la noche se aleja, con su vestido rojo, pisando los charcos de la acera. Y no hay silencios, allá, en las distancias.
XXIX
Ella,
ponía sus senos frente al espejo.
Ponía
sus glúteos frente al espejo.
Ella sonreía
y hacía crecer su flor entre suspiros.
El espejo
reflejaba mis ojos
y ella
se aferraba al cristal
mientras las aves
bebían de su sed.
Entonces,
ella,
se magicontorsionaba sobre su imagen
y reía
como una ola lasciva
desnuda
sobre mi olvido.
XXV
Ni siquiera sabes,
ni siquiera sospechas.
Pero,
a lo mejor sabes...,
a lo mejor sospechas...
Al final del cuento
me voy
a correrle peñazcasos
a mis silencios.
XXVI
Estás por aquí.
Entre estas palabras mal tejidas.
Búscate con calma
(Una pista)
Mete tu mano en mi pantalón.
XXVII
Intento afearte con
palabras soeces
Me ubico
bajo los puentes cuando los cruzas
Saludo sonriendo a gente que no quiero
Al final,
termino borracho junto a la luna.
15-Junio-2007
Un pájaro se cansa de sostener al mundo con sus patas. Emprende el vuelo y la Tierra cae para siempre.
XXVIII
Debería estar
frente al mar
- sobre una roca -
golpeando al viento
con mi sonrisa irónica
Debería estar
allí.
Desnudo de ti
... y sin silencios.
XXIX
Veamos los relojes:
corren de norte a sur
con los ojos desorbitados,
ansiosos de tu nombre.
Veamos los relojes.
No pensemos en nosotros.
Veamos los relojes
y ya
no nos nombremos nunca.
XXX
Oculto tras los floreros
rumiando
silencios y soledades
no oigo
a los días
que se alejan sin hallarme.
XXXI
Lo bello
no era
el traslúcido viento
ni el silencio.
Ni acaso
la acuosa sensación del sol sobre el vacío.
Lo bello
era mi angustia,
mi panza triste,
las viejas cicatrices
... esa ausencia de Dios
incomprensible.
18-Junio-2007
Nos buscamos sin saber. Chocamos con nuestras sombras. Abrazamos los silencios y sonreimos...
XXXII
¿A dónde iremos
con estos zapatos rojos
mordidos en el alma?
XXXIII
... Y vi a la luna con su pubis al aire
riéndose de los ciegos
y a las calles aferradas a los semáforos
muertas de pavor y
al agua entrando a borbotones por sus cuencas vacías para
huir del abismo
y a tu corazón
y a mi corazón
disecados en una vitrina
como escarabajos...
Sólo entonces comprendí
que todo era
culpa de una mayonesa descompuesta!.
XXXIV
Reviviendo
el viejo rito
del crucificado bebedor de crepúsculos
traicionado
por su propio silencio
cuando miraba
tu cuerpo
en el contraluz.
XXXV
Lo que estaba en el aire cayó sobre las culpas,
cayó sobre una cama
manchada con arroyos de amantes y no supe
si era puro o impuro,
si era ángel o fuego
lo que estaba en el aire
y nos llamaba.
20-Junio-2007
Furioso, el tiempo me buscó por todos los rincones. Mientras yo, desde la nada, me reía a mandíbula batiente de su ineptitud.
XXXVI
Mi alma
se sentaba en silencio
a observar
como se iban
los barcos
de tus ojos.
XXXVII
Ella
limpiaba los horizontes de la ventana.
Sacudía los recuerdos,
las imágenes.
Los silencios olvidados sobre los muebles.
Decía :
"Mañana me iré".
Luego sonreía
y volvía a poner
cada hora
en su lugar.
XXXVIII
No voy a decir nada
(ni siquiera tu nombre)
El juego es
que ustedes piensen
que ya todo fue dicho.
XXXIX
Me gusta ver volar las estaciones
mientras llueve en el campo
y los trenes
buscan
otras distancias
en los charcos.
21-Junio-2007
Tendré que buscar,en el corazón de las piedras, ese pequeño hálito con que sonríe el mundo.
XXXIX
En estos ojos
- entre las sillas y los rincones-
se queda quieto el ángel.
Se llena de silencios
y de
sombras
y , al final,
se asume
correctamente
ido.
XL
Te imaginas,
tú y yo,
más fantasmas que ahora.
Y atrapados para siempre
en la gigante
habitación
de nuestra angustia?.
XLI
Qué haremos?
Preguntas
mientras el tiempo
- en su caballo desbocado -
destruye las ventanas
dejándonos desnudos
sobre la piel de la noche.
XLII
Triste espacio este
que queda
entre tu olvido
y la tarde que se va de las cortinas.
22-Junio-2007
Te pierdes como el ave que se arroja al horizonte, dejando mi mirada justo en la puerta de la noche.
XLIII
Cuando el alma suelta
el ancla de los huesos
nace
el barco,
realmente.
XLIV
La indómita luz,
recuerdas?
Y
así caía
la gota
de silencio
sobre el sendero.
XLV
Desnuda
era azul,
como lo transparente.
XLVI
Tu enfermedad
de ampolleta olvidada por los plumeros,
infectada de olvido y luces amarillas.
Tu enfermedad
seca
como la boca que se cierra para olvidar
y esos barcos que llevaban la noche sobre el filo
dejando
estelas de sudor
y
tu enfermedad
parada en la puerta,
desnuda,
cuando no amanece
todavía.
27-Junio-2007
No estuve; pero, a quién le importa! Sólo los árboles buscaban algo entre la niebla; olían mis distancias, mis manos aferradas a los cristales. El resto, sólo lluvia y caminos sin sentido.
XLVII
Suelen sonreír
los autos
cuando alzas tu falda
y dejas caer
gotas de luz
sobre el asfalto.
XLVIII
Seguiremos juntos;
pero,
nuestros ojos ya no se buscarán.
Entonces,
soñaremos con piedras
y el silencio
será el almíbar
de
nuestras tempestades.
XLIX
A decir del polvo
y los silencios,
las fotos de los santos sobre el muro
no hicieron gran cosa por el hombre
y lo dejaron allí,
sobre la mesa,
a merced de la noche
y tu recuerdo.
L
Mi corazón
vio a tu corazón
Tu corazón
vio mi silencio
Yo salté al vacío por tu corazón
Tu corazón
se rió como un loco con mi estupidez
Moraleja:
Los corazones trapecistas
ya pasaron de moda.
01- Julio -2007
La verdad es indesmentible : ¿Qué puedes abandonar si no te has marchado?
LI
Nunca fui bueno con las palabras.
Por eso,
arrojé tierra sobre tu vestido nuevo
cuando miraste a otro.
LII
Deberías buscarme.
Correr
desnuda por el bosque.
Ser la luna
sobre mi hocico ensangrentado.
LIII
Llovió mucho,
sabes?
Ahora, los árboles
tienen otra piel
... sin tu nombre, por supuesto!
LIV
Entre
disfrutar del sol
o escribir sobre tu imagen
- desnuda bajo la luna -,
no sé por qué
opto
por mirar
fijamente a la ampolleta.
Nota: Permitida su reproducción sin fines comerciales, citando al autor.
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